lunes, 25 de abril de 2011

El movimiento de la fotografía obrera. Hacia una historia política del origen de la modernidad fotográfica



imagen de Fotografía obrera
Revista AIZ. Número 44, 1928
Fecha: 21, 22 y 23 de enero de 2010
Entrada: Gratuita. Hasta completar aforo
Matriculación: 2 créditos de libre configuración y 1 crédito ECTS en Universidad Autónoma de Madrid, Universidad de Castilla la Mancha y Universidad de Salamanca; 1 crédito de libre configuración y 1 crédito ECTS en Universidad Complutense y Universidad Carlos III.
Inscripción: programasculturales2@mcu.es
Último día inscripciones: 19 de enero, 2010


Introducción
En marzo de 1926 la revista AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung [Periódico Ilustrado de los Trabajadores]) publicó una convocatoria para que su público, la clase obrera movilizada, se convirtiera en proveedor de imágenes de la vida cotidiana proletaria, de las condiciones objetivas del trabajo industrial y de las organizaciones y actividad política de los trabajadores. Las luchas por la imagen empezaban a aparecer como parte central de la lucha política.

Esta convocatoria constituye el arranque de todo un movimiento fotográfico que se expande por el centro y norte de Europa y llega a Norteamérica, aunque su eje permanezca en Alemania y la Unión Soviética, o más bien en los intercambios foto-políticos entre las organizaciones comunistas de ambos países hasta el final del Primer Plan Quinquenal y la caída de la República de Weimar. Si la URSS constituía el centro de la vanguardia política, Alemania era el centro de las industrias y tecnologías de la nueva cultura visual. Las redes se extienden mucho más allá de forma no homogénea o incluso con contradicciones, según las singularidades locales de los movimientos sociales.

Diferentes núcleos de documentalismo o fotografía social vinculados a los movimientos comunistas se producen a finales de los años veinte en Hungría, Austria, Checoslovaquia, Polonia, Holanda, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, México y más allá. Grupos amplios y prácticas documentales complejas se desarrollan en ciudades como Praga, Bratislava, Budapest, Zúrich o Ámsterdam, promoviendo exposiciones y publicaciones de fotografía social y obrera entre 1932 y 1936. Un número destacado de fotógrafos participantes en el movimiento se ven obligados a sucesivas migraciones o exilios políticos en la expansión de los regímenes fascistas en Europa Central, sobre todo a partir de 1933. La propia revista AIZse traslada ese año a Praga, y más adelante a París, hasta que deja de publicarse en 1938.
imagen de fotografía obrera
Revista AIZ. Número 38, 1931
El tipo de fotografía que promueven los fotógrafos obreros amateurs y sus editores estaba en relativa oposición al fotomontaje y la abstracción, no sólo se encontraba vinculada a la factografía soviética, sino también a los más amplios movimientos documentales en el cine y la fotografía que emergen hacia 1930 a escala internacional. La principal misión de éstos es la representación de la crisis económica y sus efectos sociales, particularmente entre las clases desfavorecidas. La pobreza, la explotación y la desesperación eran algunas de las condiciones estructurales de la vida proletaria que debían ser mostradas. En este sentido, el crítico alemán Edwin Hoernle definía un ojo proletario específico, antagónico al humanismo burgués, en el que compasión es la expresión de superioridad de clase. Hoernle escribía: “Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza (…) Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión”.(1)

Hacia mitad de la década de los treinta la estrategia política del movimiento comunista internacional cambia para aceptar una nueva forma de alianza amplia de partidos de izquierda, como medio para frenar el gran avance del fascismo en Europa, lo que favorece las experiencias de gobiernos del Frente Popular en Francia y en España a partir de 1935. Aunque por poco tiempo. La Guerra Civil española, iniciada en julio de 1936, constituye la fase final del movimiento, tanto en el sentido político, la derrota definitiva del impulso revolucionario, como en el sentido estético y generacional, en tanto que en ella confluyen buena parte de fotógrafos procedentes del movimiento europeo, como Walter Reuter, Tina Modotti, Robert Capa, Joris Ivens o Mijail Koltsov, citando sólo algunos de los mas conocidos.







imagen de fotografía obrera
Revista AIZ. Número 38, 1931
El movimiento de la fotografía obrera constituye aún hoy un difícil capítulo pendiente en la historia de la fotografía del siglo XX. Este seminario forma parte de la investigación y publicación de la exposiciónUna luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939 (Museo Reina Sofía, 2011), que contribuye a subsanar esa carencia y proporcionar elementos para una historia del movimiento por primera vez en un museo central de arte moderno.








Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939



imagen de El movimiento de la fotografía
Portada de la Revista AIZ: die Arbeiter-Illustrierte
Zeitung aller Länder, Nº17.
1931 Fotografía de la portada de Tina Modotti
Fechas: 6 de abril - 22 de agosto de 2011
Lugar: Edificio Sabatini, Planta 3
Comisariado: Jorge Ribalta
Organización: Museo Reina Sofía

Vídeo relacionado: 
Introducción de Jorge Ribalta


Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939 profundiza en el análisis de un período de la historia de la fotografía del siglo XX en el cuál ésta se pone al servicio de los diversos movimientos obreros (desde el asociacionismo sindical hasta la creación de estados “de los trabajadores”, como el soviético), partiendo de la autoconciencia de la clase obrera y la toma de los mecanismos de producción y reproducción de imágenes. Al abordar el estudio de la vanguardia artística interconectada con la vanguardia política, esta exposición pone fin a la hegemonía historiográfica de otros movimientos en la historia de la fotografía, como la Nueva Visión, desplazando así en importancia la visión mecánica por la relación con los movimientos sociales y centrando el debate en torno a la fotografía como documento. Presenta fotografías (en gran parte copias vintage), películas y otros documentos, con especial atención a las publicaciones periódicas, el medio fundamental para la circulación de imágenes y sus ideas asociadas en estos años.

Nacido de la tercera Internacional Comunista (la primera tras la Revolución Soviética), el movimiento tuvo su momento inicial en el concurso convocado en 1926 por la revista AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung, revista ilustrada de los trabajadores), en el contexto de la República de Weimar. Simultáneamente, en la Unión Soviética nace la revista Sovetskoe Foto con la misión de liderar y coordinar la cultura fotográfica soviética en pos de la construcción del nuevo estado socialista. Desde ese origen, la fotografía obrera se expande hasta articularse como paradigma para los movimientos de izquierda en el centro y norte de Europa y Estados Unidos; estas ramificaciones llegan a impregnar a las experiencias del Frente Popular en España y Francia, dos casos de estudio que inciden en el carácter transnacional del movimiento. Hacia 1939, con el fin de la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se inicia un nuevo orden mundial que lleva al declive de un movimiento que había dado a luz a nombres como Sergei Tretyakov, David Seymour, Robert Capa, Paul Strand, Tina Modotti, Walter Ballhause o Max Alpert, entre muchos otros.

Si las diversas revoluciones obreras plantearon nuevas visiones del mundo y formas radicales de reeducación de la mirada, la fotografía obrera nació de esta misma conciencia social que desembocó en la apropiación del medio fotográfico y, por ende, de la propia imagen. Esta exposición dibuja así un fresco del momento en que la autorrepresentación de la clase obrera se vuelve una forma de emancipación social y arroja una mirada horizontal, no en picado, de la clase obrera durante los años centrales de la primera mitad del siglo XX. Esta muestra y el catálogo correspondiente se convierten en un conjunto que aporta un capítulo fundamental a la historiografía fotográfica. En paralelo, el ciclo de cine Documental proletario analiza la emergencia del documento audiovisual que, junto al documento fotográfico, forma el principio de la cultura visual moderna.

miércoles, 20 de abril de 2011

Sociología del trabajo


El trabajo es una categoría central de la Sociología. La naturaleza colectiva del trabajo "humano" y el sistema de relaciones sociales que lo conforma, hace del trabajo un centro de atención constante para los sociólogos: Comte, el fundador de la Sociología, sostenía que la división de trabajo lleva a la evolución social.
Cada formación social desarrolla un tipo específico de relaciones sociales para atender la actividad laboral que impacta decisivamente en las características de cada sociedad y en la cultura y forma de vida de sus habitantes. La constitución misma de la humanidad como especie social está vinculada al desarrollo de relaciones cooperativas en el trabajo. Por otra parte el conflicto social derivado de las relaciones laborales es una de las cuestiones más atendidas por la Sociología.
Durante la mayor parte de la Historia de la Civilización el trabajo fue considerado como una actividad despreciable. En la Biblia, libro sagrado común al judaísmocristianismo y el islam, el trabajo aparece como algo costoso después de que Adán y Eva perdieran el paraíso:
(Yahveh Dios) Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»
(Génesis, Cap. 3)
Los griegos de la Edad de Oro pensaban que sólo el ocio recreativo era digno del hombre libre. La esclavitud fue considerada por las más diversas civilizaciones como la forma natural y más adecuada de relación laboral. Desde mediados del Siglo XIX,1 vinculado al desarrollo de la democracia y el sindicalismo, la esclavitud deja de ser la forma predominante del trabajo, para ser reemplazada por el trabajo asalariado. Con él emerge una valoración social positiva del trabajo, por primera vez en la historia de la Civilización.
En general los grandes sociólogos (ComteWeberDurkheim) concedieron al trabajo un lugar central en sus teorías. Pero, es recién a partir de la Segunda Guerra Mundial que se desarrolla una Sociología del Trabajo. Conceptos claves de la Sociología como los de "división del trabajo", "clase social", "estratificación social", "conflicto", "poder", están íntimamente relacionadas con las implicancias sociológicas del trabajo.
Para la Sociología del Trabajo el estudio del trabajo va más allá de las "relaciones sociales de empleo" para concentrarse en el mucho más amplio y complejo concepto de "mundo del trabajo", abarcador de todas las formas de trabajo y actividad, prestando atención tanto a la actividad como a la intención para la cual la actividad es llevada a cabo, y llegando hasta el concepto mismo de "empresa", como esfuerzo colectivo del trabajo.
La Sociología presta atención y estudia las implicancias sociales de la relación del trabajo con la herramienta (técnica y tecnología). Las profundas transformaciones que derivan del paso del trabajo con simples herramientas individuales (artesanado), al trabajo industrial con grandes máquinas (maquinismo), al trabajo con computadoras (sociedad de la información), constituyen un permanente tema de estudio sociológico.

Trabajador del siglo XXI

Trabajador norteamericano de comienzos del siglo XX

martes, 19 de abril de 2011

Un libro: La muerte de un viajante de Arthur Miller

"La muerte de un viajante" es la historia de una familia norteamericana y su lucha por la supervivencia. El padre es William Loman, su esposa es Linda y sus dos hijos: Biff y Happy. Viven en Nueva Inglaterra en una casa que ahora está cercada por edificios. Willy ve con preocupación el futuro de sus hijos sobre todo de Biff, quien a pesar de tener treinta y cuatro años no logra establecerse en un buen empleo, entre otras cosas porque vio truncados sus estudios. Para ambos hijos el aspecto físico fue muy importante y fincaron en eso sus esperanzas, son atléticos y guapos. Su padre de hecho alentaba estas expectativas, que finalmente no terminan de cumplirse. Por otro lado, William llevó una doble vida al entenderse con una mujer de Boston. A quien le regalaba medias y por eso constantemente sufre por ver a su verdadera esposa remendar las propias. Esta es una obra que constantemente recrea escenas del pasado de los personajes y sus momentos decisivos. Aunque es en el presente donde están viviendo una situación muy dramática, porque después de más de treinta y cinco años de trabajo el padre está siendo relegado en él. Le han disminuido su salario. Sus fuerzas flaquean y sus hijos fuera de ayudarlo, pues también su economía es precaria, no le tienen el debido respeto. William es la víctima de un sistema económico implacable que desecha a los que han ofrendado su vida a él y que al final cuando su rendimiento baja son expulsados sin conmiseración. Por eso va por la vida con sus recuerdos y hablando solo. Le niegan un puesto de oficina, porque su trayectoria no cuenta, importa sólo el rendimiento actual. Lo sintetiza el personaje con una frase: "no puede usted comerse la naranja y después tirar el pellejo". Eso le hacen justamente. En el día de su muerte se le cierran las puertas a William y a su hijo Biff, que fue quien descubrió a su padre con otra mujer. Y que al final de la obra le reprocha su existencia, que es la misma que le ha tratado de imponer. Es así como todo se derrumba para este vendedor viajante que se va de su casa y cuya muerte ocurre fuera del escenario. Perdido en una noche que asesina, de manera simbólica, el sueño de prosperidad americano.